miércoles, 8 de julio de 2015

Nadando contra la corriente.

Érase una vez, una niña atrapada en si misma.
Dicha niña era como un pez que nadaba en contra de la corriente, pero nadie lo sabía, no hasta que lo dió a conocer.
Se sentía un cyborg entre mundanos. No era completamente igual a los demás, no era completamente distinta.
Una niña no tan niña, de 16 años, vivía en un mundo donde ser delgada y bella parecía ser la prioridad entre sus compañeras de clase. Al fin y al cabo, es lo necesario para conseguir un marido, decían ellas.
Un día, un maestro preguntó que preferirían: ¿Una vida soltera o una vida en matrimonio?.
Todas y cada una de las manos arriba contestaron que el matrinomio.
Hubo una pequeña mano, que dudó.
Todos los rostros llenos de maquillaje lanzaron miradas gélidas, a esa niña, que siempre trataba de desafiar las leyes naturales del rol femenino.
Así que el maestro preguntó: ¿Por qué no sabes que es lo que quieres?
Ella respondió:
-Me he estado preparando por años en una escuela, no para el matrimonio, si no para algún día ejercer una profesión.
Quiero casarme, algún día. Pero esa no es mi prioridad.
Quiero estudiar, ejercer lo que sea que yo misma escoja como mi actividad del día a día. Después de haber logrado mis metas, o al menos haberme encaminado, entonces elegiré una pareja que crea en mi, y en lo que hago.
El maestro pensó que eso había sido solo un discurso vacío, sin sentido.
Pero no lo dijo.
Las compañeras pensaron que todo ese rollo de la independencia, se debía a que era una anormal.
Nadie habló.
Pues, colorín colorado, este cuento no ha acabado.
10 años después, la única alumna que ese maestro recuerda, es aquella que se rehusó a seguir la corriente; pues cada día, ve su rostro en alguna noticia.
Y de esta historia tonta y trillada, una enseñanza deberá quedarte grabada: no es del todo malo ser considerada rebelde, si escoges bien a que rebelarte.
¿Quién de aquí es un cyborg?

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